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Monte Vivo

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Actualidad de un pueblo con historia

Gastón Ortiz Maldonado: “El Concejo Deliberante no puede ser un apéndice del intendente”

04/09/2025 by Esteban Raies

El pedacito de cielo que se ve por la banderola de la cocina ha cambiado dos veces de color: del celeste al violáceo de la tardecita y enseguida, en esa ventanita y en el día, caerá el telón de la noche, inexorable y ventosa. Es la señal de que la charla con Gastón Ortiz Maldonado dura varias horas en las que el tiempo transcurre encendido en anécdotas, en reflexiones puestas en el tono sostenido de este dirigente radical, diputado nacional y diputado provincial con mandato cumplido, ex presidente del Concejo Deliberante local y ex candidato a intendente de Monte por la UCR.

Varios temas nos sientan en torno a la mesa: la crisis de representatividad es el primero, la necesidad de acuerdos, una campaña electoral con bajo nivel de debate de ideas y la urgencia de jerarquizar el Concejo Deliberante local se imponen como en un orden del día, pero sin orden. “La política es una herramienta para que haya más derechos, para solucionarle los problemas a la gente. El que hace política y se olvida de esto, para mí está equivocado él y jodidos todos los que estamos representados por esa persona”, dice Gastón con el tono de un legislador en una banca.

Ortiz pertenece a una generación en que para hacer política había que estar formado, intelectualmente y, sobre todo, acostumbrado a la generación de consensos. “En una época de la Argentina se podía hablar. Hoy falta el diálogo. El bien común era la gente y la militancia era solo una herramienta para colaborar contra la injusticia social y a favor del progreso. Iba más allá de los partidos. Se llegaban a acuerdos”.

Gastón es un intelectual apasionado por la política en tanto herramienta de transformación para una vida mejor del conjunto de la población. Por eso a su diagnóstico agudo le sigue una reflexión esperanzadora: “Si salimos de una dictadura, vamos a salir de esto”, dice. Aporta algunas fórmulas: “Los ciudadanos con compresión, con tolerancia, los maestros, los políticos, los padres y las madres, la gente que entiende esto y que tiene empatía, inquietud, tolerancia, solidaridad tiene que empezar a explicar la necesidad de generar acuerdos.”

Un Concejo Deliberante “independiente” del poder ejecutivo

Ante la inminencia de la elección, llega a la mesa el tema del rol de los concejales. “No sé si todos los concejales conocen la estructura del Tribunal de Cuentas, la Constitución de la Provincia de Buenos Aires y la Ley Orgánica de los Municipios. No me he enterado que ningún partido haya dado cursos para hablar de estos temas. Es una campaña muda y sorda, para ver quién convence más al otro. No he visto muchas propuestas. Se apoyan o se oponen al Ejecutivo municipal. Sería mucho más atractivo que presentasen sus propuestas”, dice. Y se mete, como un entomólogo, a analizar el rol del legislativo local. “El Concejo Deliberante debe ser autónomo. Pero en el Concejo no pasa lo que tiene que pasar, que es la autonomía de los bloques. ¿Por qué se aprueba una ordenanza? Porque es tan buena que la oposición no puede negar el voto”, enseña.

El domingo se elegirán siete nuevos representantes en el Concejo local y dos en el Consejo Escolar. “Estamos eligiendo los representantes del departamento deliberativo. El Concejo Deliberante no puede ser un apéndice del ejecutivo, porque en ese caso no tiene sentido su existencia. Tienen atribuciones constitucionales ambos poderes. El Concejal puede presentar ordenanzas, buscar presupuestos, modificarlos. Nosotros criticamos que durante el gobierno de Cristina (Fernández de Kirchner) el Senado de la Nación era una escribanía donde se levantaba la mano, bueno, si vamos a criticar empecemos por casa”, dispara.

Y abre un inciso respecto de cómo se llega a la política actualmente. “El concejal antes representaba los intereses de la gente, no era simpático, bueno o tenía un negocio conocido, sino que era alguien que había militado socialmente, en una cooperadora, en un club, en una sociedad de fomento, en la Cooperativa Eléctrica, donde fuera. De ahí salían los nombres para ir a buscar a los concejales. Y ahí debería ir la política a buscar a sus representantes”.

“No se prioriza el futuro de Monte sino lo que uno piensa y ese es un error terrible. Hay muchas cosas que discutir, para lo cual hacen falta acuerdos, como lo hicimos en ocasión del pase del hospital a Provincia. No se puede estar con una tensión permanente. Sin consensos no hay una democracia saludable. El discurso del presidente es verborrágico, descalificador, agresivo, malo. Los gobiernos tiñen a las sociedades con su estilo. Milei lo está tiñendo con el peor de los estilos”, critica.

“Hace 60 años en Monte se discute lo mismo: que la laguna es una fábrica sin chimeneas. No hay ningún tipo de regulación para la laguna, que hoy está degradada biológicamente. Tenemos además la laguna Las Perdices, la última en su especie en la provincia de Buenos Aires, pero ahí estamos echando los líquidos cloacales de la planta depuradora y quisiera ver en qué estamos van a parar los líquidos ahí. Hay postulados que se dicen, pero nadie ha hecho una ordenanza que no sea un parche. Hace falta una política seria, no se puede quedar bien con todo el mundo. Monte necesita crear su propio perfil”, dice.

Consenso y seducción

Todo discurso tiene una parte dicha y una que permanece en las sombras. Ciertas veces en lo no dicho es posible hallar más sustancia que en lo explicitado. Es preciso leer, entonces, esos silencios breves de Gastón, su media risa, sagaz, esbozaba tras cierta frase, sus ojos chispeantes. No es su hermano mellizo -que lo tiene de hecho- el radical que habla de justicia social, sino él mismo. Y tal vez en eso quede sintetizado todo su pensamiento: si la política fuese un edificio el bien común serían las bases sobre las cuales pudieran construirse todos los pisos que sean posibles con los balcones hacia el poniente si se quiere pero con el frente –siempre- mirando a las personas.

“Tuve que hacer un trabajo de seducción”, admite Ortiz Maldonado para lograr que todos entiendan que Monte debía tener un efector de salud público debido a su creciente población y a que el hospital no tenía cómo cubrir la demanda. Por casi 100 años las “Damas de Beneficencia” habían manejado los destinos del centro de salud Zenón Videla Dorna y Gastón debió convencer a propios y extraños, pues fue quien elaboró el proyecto de ley por la cual el hospital pasó a manos de Provincia. “Cuidado con eso Gastón, no hagamos ninguna macana”, le advirtió quien hasta hacía poco había sido gobernador bonaerense, Antonio Cafiero, cuando le fue a plantear el tema. “El justicialismo de Monte fue bastante conservador también, como toda la sociedad de Monte”, dice Gastón de ese momento.

-Al día de hoy mantiene ese carácter el peronismo.
-Son palabras tuyas, dice Gastón. Y lanza una risa pícara en una mirada que resplandece.

Enseguida recuerda algo: una escena de madrugada en la Cámara de Diputados Bonaerense, una noche de 1992. Eran cerca de las 3 de la madrugada cuando el por entonces diputado provincial Gastón Ortiz Maldonado terminó de fundamentar por qué el hospital debía salir de la órbita de las Damas de Beneficencia para pasar a ser provincial. Ya había convencido a los radicales del Círculo Médico del pueblo y le quedaba la exposición final en la Cámara provincial para tener el voto de la mayoría. Esa noche hubo tres dirigentes de Monte que se pararon para aplaudir su intervención apenas la finalizó: Raúl Basualdo, Omar Gallardo y Carlos Buñes. Gastón lo cuenta al pasar, pero tal vez haya que poner la pausa en esta escena para resumir el núcleo de esta charla: la necesidad de encontrar puntos de acuerdo, se esté de un lado o del otro.

La necesidad de acuerdos

El perro ratonero bodeguero andaluz de la casa manifiesta sus ganas de compartir el calor del hogar. Luego de un rato ha dejado de ser un perro; ahora es una serpentina que va del umbral de la ventana al piso y del piso al umbral. Agudamente, ladra para entrar, pero Gastón está imantado en la charla del tema que lo apasiona. Recuerda sus años en el Congreso Nacional. “Siempre había acuerdos. Siempre tenías un justicialista o uno de la Ucedé con quién hablar”. Trae la figura de Francisco Durañona y Vedia, un ultraconservador que tuvo un gesto a pesar de las fricciones que había tenido con él. “Ortiz, tenemos que hablar”, le dijo en plena sesión. Y lo palmeó al decirle: “Somos inteligentes”. Cierta vez, Ortiz Maldonado debió ir al despacho de Durañona y Vedia porque necesitaba su voto para sacar un proyecto de ley. “Cuando un diputado va al despacho de otro, va a pedir, no va a otorgar”. Durañona, con quien se había cruzado a sangre y fuego en un estudio de televisión, le dijo. “Si viene por acá, se lo firmo, quédese tranquilo”. Ese fue otro gesto. “Eso se ha perdido hoy hasta en los sectores progresistas o del campo popular que pueden ser el peronismo, el radicalismo, las izquierdas, la Coalición Cívica. No tenemos diálogo y por eso muchas veces no salen las cosas”.

“La gente debe saber que la Provincia aporta el 40 por ciento a Nación y recibe apenas el 14 por ciento. Eso es una injusticia. Recibimos una migaja y eso complica IPS y IOMA. Independientemente de a qué partido pertenezcamos, debemos reclamar como bonaerenses que el gobierno nacional deje de extorsionar al gobernador Kicillof y le de lo que la ley marco dice, porque lo dice la Constitución Nacional”.

-Usted describe una crisis de representatividad, ¿será que el origen de esa crisis está en esta falta de acuerdos?
-A partir de la caída de (Fernando) De la Rúa en 2001 empieza una agonía del radicalismo que dura hasta hoy. Te diría que está en la puerta del cementerio. Esa falta de representatividad del radicalismo y esa dicotomía con el Peronismo, fue reemplazada por el PRO, que hizo política desde la no política y sigue con ese discurso que ha ganado a casi todos los partidos políticos, tal vez con la excepción del justicialismo. El PRO reemplazó al radicalismo como partido político y empezó un sentido común de que la política es mala, parcialmente cierto. Hubo un encapsulamiento de los políticos y hay un quiebre de representatividad. Eso se da en un contexto mundial de desaparición de los partidos políticos que empiezan a hacer alianzas porque solos, los partidos políticos, ya no representaban a la gente. En Europa se hacen gobiernos en los cuerpos legislativos: en España, en Italia. Eso está estudiado y demostrado por sociólogos. La consecuencia trágica de esto es la aparición de un tipo que dice ser out sider de la política y quizás lo sea, a quien hoy rodea lo peor del radicalismo, lo peor del justicialismo, lo peor del menemismo, lo peor de los grupos concentrados de poder económico, lo peor de la corrupción. La ilusión de que la política iba a solucionar la vida de la gente, se perdió. Lo peligroso de esto es que la gente confunde la política con la democracia. La política no nos da respuestas empiezan diciendo y terminan diciendo que la democracia es la que no da respuestas. Hay una encuesta donde los jóvenes dicen que no es necesaria la democracia para convivir en un sistema que le de libertades.

-Lo dicen sin conocer otro sistema
-Por supuesto. A un chico que votó a Milei le preguntás si es importante la democracia y lo primero que hace es desconocer qué es la democracia porque la toma como algo que siempre existió, que está, la toma como propia. No vivió sin democracia y entonces no valora la democracia. El votante de Milei dice “ustedes gobernaron los últimos 30 años”, entonces le dieron la oportunidad a alguien que rompe el discurso tradicional, encara, putea, se exalta, es violento. Y ellos están en un algoritmo violento que tienen en las redes. Ahora esos votantes de la universidad pública ya empiezan a dudar de Milei, ya duda el que creía que iba a cobrar en dólares, ya empieza a verlo con dudas el que pensó que iba a terminar con la casta. Ese votante no lee los diarios y no mira la televisión ni tiene el algoritmo de las redes que tenés vos o tengo yo. Han triunfado los ingenieros del caos (recomienda el libro “Los ingenieros del caos”, de Giuliano de Empoli) que llegan a una manipulación extrema.

-¿Existe una salida?
-Hay que reconstruir los partidos políticos y las alianzas políticas. No se puede reconstruir de arriba para abajo. Que se abran los comités de distrito y se construya de abajo para arriba, en el caso del radicalismo. Cuando empezamos nos salteaban en la rueda del mate, porque no éramos conocidos, porque éramos jóvenes, porque recién llegábamos, pero nos quedamos, tomamos el mate y la pava nosotros después. Esa es una tarea compleja pero es necesario hacerla en todos los partidos políticos.

Punto de crisis

Nos metemos en el tema de la crisis de representación como si ingresáramos en la galería oscura de una mina de cuarzo de la cual debemos extraer, pico en mano, algunos metales que no se ven al primer golpe de vista. Desde hace mucho tiempo la política languidece en roscas que se cuecen en los sótanos, lejos de la gente que se debate en lo que Francois Dubet llama “la época de las pasiones tristes“, una acentuación de las desigualdades en un mundo fraccionado que encuentra micro desigualdades ante las cuales la política no da respuestas.

-¿En qué momento de esa crisis de representación estamos?
-Estamos en una transición, es un momento delicado, saltando de un paradigma a otro, o sea, de un conjunto de relaciones económicas, culturales y sociales de una sociedad -tal la definición de paradigma de Karl Popper. Estamos en el punto de crisis de un paradigma, nos falta atravesar eso, luego vendrá la instalación de un nuevo paradigma y luego la consolidación del nuevo paradigma. Hoy estamos en una ola de cambios que no sabemos hacía donde nos va a llevar. La velocidad líquida de las relaciones que tenemos, del tipo económica, sociales, políticas, el fenómeno migratorio que se oculta, las guerras que no terminan, las desigualdades que se ocultan. Tal vez no deban existir estos partidos, sino otros. Quién lo sabe. Primeros debemos ser conscientes de este estado de transición. Nos va a costar muchos salir de este tema con los líderes que tenemos.

-Esa crisis de representatividad no está solo de los partidos políticos, sino también en los sindicatos y parece que en las instituciones en general. No están solo cuestionados los políticos, por no decir la política, sino también la democracia.
–La decadencia del sentido común, de la empatía y de la tolerancia, están sembrando la falta de un patrón social colectivo. Institucionalmente, están cuestionadas las fuerzas de seguridad, las fuerzas armadas, el cuerpo docente, la justicia, la gente no cree en el parlamento, ni en la presidencia, ni hablar de los sindicatos. Pasa en todo el mundo, no solo acá. Creo que el gen que explica eso es el gen de la corrupción. Todos somos corruptos y naturalizamos, por el fanatismo, por el sálvese quién pueda, por las relaciones liquidas, ciertas conductas que nos alejan de una sociedad más tolerante, más empática Hay un deterioro que provoca la corrupción en la sociedad.

-No le damos al electorado lo que busca. Hay una ruptura entre la demanda y la oferta
-¿Es porque la clase política no sabe lo que el electorado busca?
-Creo que es peor: a los políticos de hoy no les interesa. Porque si les interesara no habría una pelea como la que ocurre en un radicalismo atomizado, una sumisión estúpida en el PRO respecto de la Libertad Avanza, ni habría una pelea tonta, de egolatría, entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Si les interesara tendrían que tener una convivencia mínima que le dé una opción distinta a la gente. Pero se han perdido los principios que les han dado nacimiento a los partidos políticos, porque el radicalismo y el peronismo no son out siders de la política, ni tampoco el PRO lo es. Se cortó la representatividad con la ciudadanía.

-Vemos un fenómeno en la política local: el afán por hacer política desde la no política y también la aparición de caras nuevas.

-La búsqueda de gente nueva, que en principio es buena, puede tener dos motivos: porque no hay otros (que sería una mala noticia) o porque se piensa en una renovación. En este caso, hay que prepararlos. La participación requiere no solo de la voluntad sino del estudio, del sacrificio. No puede haber una renovación a cualquier costo. No se puede llevar a alguien que no está preparado. No porque Juan Pérez nunca pisó una unidad básica lo llevo a una lista, ese es un error. No es una aventura la política, es una de las actividades humanas más complicadas. Hay que saber conciliar, porque uno no representa un partido, cuando es electo representa al conjunto de la sociedad. Me da vergüenza ajena ver algunas sesiones del Congreso Nacional, donde se está conociendo la venta de candidaturas.

“La gente busca otra cosa que la polarización extrema. Hay gente que no quiere más la pelea del justicialismo y no quiere votar a Milei, pero no ha encontrado una respuesta a su demanda. Esa gente entiende que es más fácil quedarse en la casa que ir a votar en blanco, entonces se queda en la casa. No hay una oferta electoral para ese 50 por ciento de la gente.”

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Filed Under: Monte hoy, Política Tagged With: Gastón Ortiz Maldonado, monte, Radicalismo, UCR

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