
No existe para Mónica otra manera de vivir que no sea feriando. Para esta mujer luchadora que creció en Banfield, hizo la escuela secundaria en Lomas de Zamora y renunció a su trabajo de empleada administrativa para viajar por el país con su compañero de vida, con quien se instaló hace 40 años en Monte, estar en la feria equivale a sentir el pulso vivo de la gente. De feria en feria, de pueblo en pueblo, de encuentro en encuentro, esta artesana y referente de Monte Emprende encontró aquí su lugar en el mundo. En Monte crio a su hija y ayudó a sembrar la semilla de esta feria que ya es un clásico del pueblo.
El don de la artesanía se despertó en Moni cuando su madre le aconsejó estudiar corte y confección. Se abrió para ella una puerta a un mundo nuevo, un mundo que hoy no sería posible sin la feria, porque feriar es una forma de vivir. “Mi mamá quería que sepa un oficio para que ayude el día de mañana y así fue”, reflexiona ahora esta artesana. “Hice cursos de pintura sobre porcelana, cerámica., macramé, artesanías, manualidades”, cuenta.
“Hace 8 años que pertenezco a Monte Emprende y es un sueño que se logró con acompañamiento de él también y de mi cuñada. A ellos los que extraño mucho. Los perdí en la pandemia”, dice Moni y guarda una lágrima en sus ojos oscuros. “Rubén amaba estar en Monte Emprende con su carro y yo con el gazebo poniendo todo lo que sé hacer: decoupage, muñecas de tela, cerámica y mochilas en su principio. Y hora hago bijouterie con hilo mostacillas, cordón, pinto mates de recuerdo, hago imanes, accesorios para el pelo cocido a mano, llaveros cocidos en cuero y cinta a mano y repujado en cuero. Hago un poquito de todo porque me aburre una sola cosa”.
“Es toda una vida haciendo lo que me gusta y la atención al público que no me cansa, al contrario, lo disfruto. No podría estar sin tener contacto con la gente. Amo feriar y es mí forma de vivir.”
Moni recuerda los primeros tiempos que la feria que los segundos domingos de cada mes se presenta en la plaza España-Iribarne. “Fue el comienzo de las ferias acá en Monte, otras veces se intentó pero ninguna llegó a lo que es ahora Monte Emprende. Las ferias son muy importantes y atractivas para los pueblos y en especial para el turismo, porque es un paseo que se ofrece. Muchas personas viven de su elaboración con las manos, en especial en esta época que está todo difícil.” “Disfruto y agradezco pertenece a Monte Emprende. Para mí el segundo domingo de cada mes es sagrado, he ido de cualquier forma, me encanta. He conocido gente maravillosa”, dice Mónica para definir este colectivo de trabajo del que habla como si fuese ya parte de su familia.
Mónica se emociona cuando repasa las páginas del libro de su vida. Los primeros viajes con Rubén a Monte, los clientes y los turistas que se acercaban a su carro donde ofrecían panchos, hamburguesas, bondiola, milanesas, papa fritas y bebidas. “Amaba hacerlo”, dice de Rubén, su gran compañero de vida. “El me enseñó todo, mi querido esposo, y a quién agradezco haberme hecho conocer esta forma de llevar adelante mis ideas”, dice. Ella y su compañero ayudaron a sembrar la semilla de Monte Emprende. “Él viajaba feriando en los encuentros de motos por el cual conocimos toda la Argentina con mi hija inclusive. Y cuando le tocaba viajar Celeste se quedaba con una amiga. Pero el carro estaba con la ayuda del papá de Lorena que lo llevaba a la plaza y después lo llevaba a la laguna o a casa. Era su vida feriar y es lo que me enseñó y disfruto”, confiesa Moni.
Antes de este presente hubo un tiempo de renunciamientos para ella. Se casó en 1984 con Rubén, un feriante hecho y derecho y ella renunció a su trabajo de empleada administrativa para girar con él por distintas ferias del país. “Veníamos a Monte a trabajar en la laguna los fines de semana, hasta que un día le dijeron que si queríamos seguir estando en la laguna nos teníamos que establecer en Monte. Y así fue que hace 31 años pusimos un negocio, del cual vivimos 30 años hasta que el falleció y yo me decidí a cerrarlo en 2024 por los costos que implicaba y la edad que tengo”, dice. “Elegimos Monte para vivir. Y dónde estoy agradecida pertenecer y cómo nos recibieron. Fuimos muy bien aceptados. Desde el comienzo nos sentimos re cómodos y al día de hoy que tengo en la plaza gente que crecieron y compraban en locuras. Y se acuerdan siempre bien de nuestra familia”, agradece.
Tuvo hasta el año pasado un local en el centro del pueblo. “Se llamaba Lokuras, vendíamos de todo, pero nos caracterizábamos vamos por ser una rockería. Muchas personas me dicen ahora que extrañan ese rubro y la buena onda que se ofrecía”. En los tiempos que le dejaba la atención al público, ella empezó a pintar, a enhebrar mostacillas o a tejer pulseras. “Siempre algo artesanal”, destaca “No me quedaba quieta. En ese lugar es donde crie y creció mí Celeste”, dice sobre su hija.
