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Monte Vivo

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Actualidad de un pueblo con historia

JULIA RISSO PRESENTA EN MONTE SU PRIMER LIBRO: “SUEÑO CON UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA”

05/06/2024 by Martin Aleandro

Julia Risso desanda sus pasos para de alguna manera encontrarse, para mirarse en el espejo del tiempo y poner en palabras el camino recorrido. En el eco de las paredes vacías de la casa de sus abuelos se escucha de niña, lejana, y en ese compás repetitivo aparece su voz de mujer. Curvaturas es un libro de una enorme belleza poética, que a modo de diario íntimo devela, paradójicamente, una historia de vida. En esas páginas y con la palabra como herramienta discursiva y sanadora, Julia Risso viaja a la semilla y vuelve a nacer.

La locutora y dirigente política presentará el viernes a las 19hs su libro Curvaturas en Taita, en “El Mercadillo de las luces” (Rojas y Laura Giagnacovo), un trabajo en el cual, asegura Risso en una charla con Monte Vivo, “pude reírme de cómo la medicina fracasó conmigo”.

-“Curvaturas” es un libro autobiográfico pero que a su vez pone de manifiesto y denuncia al sistema de salud y sus intrincados vericuetos burocráticos que cosifican a los y las pacientes. ¿Cómo surge la idea de llevar a un libro tus vivencias en los pasillos de las clínicas y al mismo tiempo la fuerte crítica al sistema?

-La crítica al sistema de salud es algo que está latiendo en mi cuerpo desde niña. Tardé mucho tiempo en enunciarlo, una de las razones es porque a mucha gente políticamente correcta no le resultan agradables las cosas que tengo para decir de las clínicas y los hospitales. Que Curvaturas sea un medio para que entiendan el destrato que padecemos las personas con enfermedades, sobre todo crónicas, es un objetivo que me cuestioné muchas veces durante el proceso de escritura. Lo que me alivió es que pude lograr también reírme de mi fracaso con la medicina. O de los fracasos de la medicina conmigo.

De más está decir que el libro no es una generalización, la crítica no le corresponde absolutamente a todos. A pesar de mis enojos, está dedicado al traumatólogo que me atendió desde los tres meses y estoy convencida de que mi vida no hubiera sido la misma sin él. A los médicos que creen en una, cuando estás enferma desde que nacés, los hacés parte de tu familia. Es muy íntimo el vínculo: por eso esperás tanto de ellos, por eso se les deposita tanta confianza, por eso grande es el dolor que provoca el hecho de que no puedan curarte.

Hay otros personajes que aparecen que también tienen relevancia en mi historia, para bien o para mal. A veces un médico te atiende una sola vez pero te deja una huella que ni percibió. Respecto a la pregunta del texto como una denuncia, no lo había pensado de esa forma. No es una denuncia a los médicos, es una denuncia a un sistema que se acostumbró a funcionar así también gracias a nuestra pasividad. ¿Quién nos puso la palabra pacientes? No lo sé. Me gustaría que alguien pueda contestármelo y fundamentalmente convencerme que esa palabra nos queda bien. Yo le perdí la paciencia al sistema de salud y creo que el resultado es Curvaturas. Debería aprender a recuperarla, porque a veces el cuerpo pasa factura.

-En esta obra prima la voz narradora cuenta una historia de vida con una dinámica excelente, y entre cada palabra y cada frase se van filtrando y resuenan otras voces. ¿Cuáles son tus referentes literarios?

-Hace algunos años una amiga me regaló un libro llamado Poco frecuente de Ana Montes y me cautivó la poca solemnidad al contar su propia enfermedad. Con ese texto empecé a conocer otras autoras argentinas que también escriben sobre diversas dolencias: Clara Muschetti, Mercedes Halfon, Cecilia Fanti. Gracias a ese recorrido conocí autoras de otros países que me conquistaron por su forma de narrar algunos padecimientos físicos o mentales: Silvia Molloy con Desarticulaciones, Guadalupe Nettel con El cuerpo en que nací, Lina Meruane con Sistema Nervioso o Sangre en el ojo, Maggie O’Farrell con Sigo aquí, Jazmina Barrera con Linea Nigra. Creo que todos estos títulos fueron pilares fundamentales para llegar a Curvaturas, muchos presentados por Ana, quien además de convertirse en referente, tuve la oportunidad de realizar una clínica individual durante mi proceso de escritura.

Por fuera de esa narrativa, hace aproximadamente doce años me cambió la vida conocer a Alejandro Dolina, tal vez sea mi gran referente no sólo en la lectura, sino en mi relación con la cultura y el conocimiento.

-Nacida en San Miguel del Monte tuviste que migrar durante un tiempo para poder estudiar y recibirte profesionalmente. Contanos tu experiencia, que a su vez, es la de decenas de montenses que para estudiar tienen que viajar o instalarse en La Plata o CABA.

-Sabía que cuando terminara el secundario iba a vivir en Buenos Aires, primero porque algo quería estudiar y porque quería sacarme las ganas de vivir fuera de Monte. Proyecté mi vida allí y no pensé que en algún momento iba a volver a vivir acá. Circunstancias impensadas hicieron que quiera volver a estar cerca de mi familia y del lugar que me vio crecer.

Me costó mucho decidir qué iba a estudiar, lo decidí los primeros meses de mi último año de secundaria. No elegí algo sencillo: me anoté en la carrera de locución en ISER pero tenía que aprobar un examen con tres etapas eliminatorias. Y además, éramos aproximadamente 10 mil inscriptos para un cupo de 60 personas. Técnicamente, era imposible. Sin embargo, logré entrar tercera en el orden de mérito entre toda la gente que llegó a la última instancia. Me costó bastante creerlo. Tenía como plan B, por si desaprobaba en ISER, estudiar locución en un instituto privado o hacer Comunicación Social en la UBA.

Cuando empecé a estudiar locución también empecé a formarme como actriz, en Monte nunca me había animado a hacer teatro por el factor “nos conocemos todos”. Gracias al anonimato que te dan las grandes ciudades, hice varias formaciones y en 2017 entré al Profesorado de Teatro, carrera que terminé en 2021. Como la mayoría de los que nos vamos de Monte buscando un título terciario o universitario, adaptarse a una nueva ciudad es un desafío constante. Es un privilegio también que tu familia pueda bancar económicamente ese gasto, de eso no hay que olvidarse.

-Mujer política y de fuertes convicciones, siempre identificada con la bandera de la Justicia Social, ¿cómo te gustaría que sea tu ciudad natal, o qué cambios harías, y qué te gustaría mejorar en Monte?

-Sueño con una sociedad justa. No sólo en Monte, en todas las partes de nuestro país. Creo que la justicia es algo que nos deben a quienes vivimos fuera de la norma. Claramente esa norma es heterosexual, cisgénero, blanca, capacitada, delgada, joven, de clase alta y una lista larga de factores que seguramente olvido. Son mandatos que nos impone el sistema en el que vivimos, y la verdad, es que en Monte esto se puede mejorar mucho. Creo que está existiendo un cambio cultural paulatino gracias a diversos espacios organizados donde se ponen en tensión estas temáticas, pero faltan. Se ve en el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, el 3 de diciembre, las autoridades se encargan de hacer actividades desde una perspectiva médica y terapéutica y de todo ese discurso hay muchas de las personas con discapacidad que estamos hartas. Eso sí me gustaría cambiar: en Monte contamos con muy poca participación de personas con discapacidad en la vida cotidiana. Son contados los que los vemos trabajando, circulando por la calle, tomando una cerveza en un bar o tomando mate en la laguna. ¿Nadie se pregunta por qué? Y no hablen que eso sería inclusión, porque la inclusión ya está dada: ya estamos en este mundo. Lo que hace falta es que nos miren, nos registren y nos tomen en serio. Esa es mi denuncia, mi gran denuncia. Por eso decidí participar en política, por eso decidí militar por los derechos de quienes tenemos discapacidad hace muchos años y hace no tanto, decidí intervenir en la vida de la política partidaria porque creo que esta mirada anticapacitista hace falta. Es una batalla que muchas veces me encuentra en soledad, pero estoy dispuesta a darla.

Además de estas cuestiones que son más amplias, me gustaría que cada vez menos gente tenga que irse de Monte por creer que acá no tiene oportunidades. Me encantaría que no tengan que pasar por el proceso de una mudanza porque para muchos y muchas puede ser traumático. Para eso, necesitamos una ciudad con más oportunidades. Más ofertas de trabajo, más acceso a diferentes carreras universitarias, más acceso a la cultura, un ambiente más sostenible, mejor calidad y cantidad de transporte, mayor oferta de ocio y entretenimiento. Eso se me ocurre ahora por mi experiencia personal, pero seguramente cada ciudadano tenga su aspecto a mejorar.

Desde el aspecto político, creo que Monte tiene que recuperar el debate. En los medios de comunicación, absolutamente en todos, se escucha poca gente jugándosela por una idea, siempre se leen intereses económicos y órdenes de por medio. Sería importante que volvamos a discutir ideas y a generar políticas públicas en base a eso. Hoy en el ámbito del Concejo Deliberante eso se ve cada vez menos, por eso la gente no lo mira y no se interesa. Asisto a todas las sesiones por mi trabajo y veo concejales que levantan la mano y leen lo que les dicen por WhatsApp, nadie me lo contó, lo veo. Eso me parece lamentable. La gente tiene que volver a sentirse conquistada por una idea, creo que hoy esa puede que ser una bandera que recoja el peronismo montense.

-Hace una semana en el Concejo Deliberante de Monte se dio el debate por el Boleto Estudiantil, que fue rechazado por el oficialismo. ¿Cómo se llevó adelante esa propuesta y qué opinón tenés al respecto?

-Me pareció un debate pobre de parte del oficialismo y de la bancada de la Libertad Avanza, el concejal Alfano, que ni siquiera entendimos por qué votó en contra porque jamás pidió la palabra en el recinto, excepto el 24 de marzo para defender la dictadura cívico militar. Creo que cometieron un error inmenso, que un grupo de pibes hagamos público un reclamo y no escucharnos. Estuve en las comisiones donde se debatió el proyecto y nadie levantó un teléfono para charlar con quienes expusieron en banca ciudadana para decir que el proyecto no era viable económicamente: directamente prepararon sus argumentos de cartón para votar en contra y que nos fuéramos a casa derrotados. No nos fuimos derrotados, muy a su pesar, nos fuimos contentos porque instalamos un tema en la agenda como hace mucho que no sucedía, al otro día en los negocios y en la calle se hablaba de eso. El problema es que no se habla en los medios, excepto en dos o tres. El oficialismo desestimó el proyecto porque lo presentó el peronismo. Es su costumbre, lo dijo la concejal Flavia Angeleri en una de las últimas sesiones, el gobierno de José Castro antes de ser radical es antiperonista, y desde ahí intenta hacer política. Digo intenta, porque más de una vez se parece a una ONG que a un Poder Ejecutivo.

Hablo en primera persona porque intenté no aparecer públicamente hablando de esto pero acompañé la redacción desde el principio y considero una aberración que no haya voluntad para debatir una solución. Pasé por eso, pagar un pasaje a Buenos Aires o a La Plata hoy cuesta casi 10 mil pesos y es imposible volver un fin de semana a ver a tu familia o amigos. Y la verdad, díganme quién de los que estudió fuera de Monte podía volver una vez cada mes o mes y medio. Es triste. A veces es necesario porque te quedás estudiando o haciendo trabajos, pero otras veces necesitás recargar energías. Ni hablar de los pibes y pibas que viaja todos los días. ¿Cómo piensan acompañarlos? Nada, no sabemos nada. Confórmense con una beca de 25 mil pesos, nos dijeron. No mucho más.

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Filed Under: Vida y obra Tagged With: Curvaturas, julia risso

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