
“Quiero devolver todo lo que la escuela pública me dio”, dice Marcelo Pavón. Y la voz se le vuelve un hilo frágil diluido por la emoción. El educador, una especie de leyenda entre las autoridades, alumnos y ex alumnos de Monte, lleva su mirada a aquellos años de formación, recuerda sus primeros pasos en el aula y este presente que lo encuentra en la lista de Fuerza Patria al Consejo Escolar, que encabeza Guillermo Buñes como candidato a primer concejal para las elecciones del 7 de septiembre en la cual se elegirán siete concejales y dos consejeros escolares.
El rey de la anti rosca política tiene su método: mientras la mayoría cruza dedos y apura llamados desesperados para lograr el primer lugar, Marcelo hace eso mismo, pero para ser segundo. “Primero no”, le dijo a la Mesa Educativa que lo eligió para encabezar la lista. Y enseguida pensó en Andrea Colman, una correntina aquerenciada en Monte hace muchos años, para encabezar la propuesta de Fuerza Patria con la idea firme de llegar al consejo escolar, controlado hoy por cuatro integrantes que responden al intendente.
-¿Por qué no primero en la lista, Marcelo?, le pregunta este cronista. “Tiene que ver con esto”, responde. Y acompaña sus dichos con un gesto: extiende el índice y el dedo medio al mismo tiempo formando la V de victoria. “El segundo quiere decir victoria. Siempre pedí ser segundo porque sé quiénes son quienes me acompañan. Es un orgullo ser segundo.” En 2013 fue segundo candidato a consejero escolar. Y 12 años después vuelve al ruedo con la energía conjunta que le da haber sido nombrado por la Mesa Educativa del PJ, un espacio que se reúne desde hace dos años para mapear la educación en Monte y proyectar y desde la cual surgió, unánime, su nombre para la lista. “Los cargos se aceptan con los beneficios y los perjuicios que tienen”, avisa.
Pavón: “Gestionar es pensar en el otro”
En esta entrevista que enseguida se convierte en charla hay un mate que viene y va y una persona que responde. “Se trata de dar soluciones a los problemas. Respuestas pueden darse siempre (“puedo/no puedo”), pero se trata de solucionar. Para eso hay que gestionar”, dice Pavón, como si dejara la frase escrita en el aire frío de este viernes de agosto. “En cualquier cargo de educación, incluso un cargo administrativo, uno es enseñante”, remarca.
“Si trabajás en Educación tenés que saber que nadie te va a golpear la puerta para ver qué necesitás. Hay que planificar de acuerdo a lo que uno quiere lograr. Siempre hay que ir a buscar más calidad educativa”, dice. “En el rol que he estado siempre fui enseñante; enseño lo que he aprendido. Trabajar es lo único que sé. No importa el lugar que le toque a uno. Hemos planificado, hemos volado con proyectos, preguntándonos por qué los hijos de nuestro pueblo no pueden tener tal o cual cosa para desarrollarse mejor. Yo quiero lo mejor para cada estudiante de Monte”, dice sin que sea un slogan sino la manifestación conjunta de un equipo de alto nivel técnico y también –sobre todo- de gran nivel humano.
“Uno debe prepararse. No se puede improvisar. Porque en el tiempo que uno tarda en aprender una función le quitás derechos a otros. Abrimos, escuchamos y si es necesario, viajamos a gestionar.”
“Estoy convencido de ir en esta lista con estos compañeros que sé que están totalmente preparados para gestionar. Pensar en el otro es gestionar. En el Consejo Escolar se sesiona, se gestiona y se ejecuta. Nos interesa conocer a fondo las necesidades de las escuelas. La gestión va más allá de arreglarse con lo que llega. Pila –un distrito de unos 3000 habitantes ubicado a 95 km de Monte- inauguró estos días una residencia estudiantil, algo que en 1998 planificamos en Abbott y es algo que pensamos para El Siasgo”, adelanta como uno de los ejes programáticos de la lista que integra.
Con 40 años de trabajo, Marcelo es reconocido por propios y extraños. Mixtura de profesional severo y sensible a la vez, tiene una mirada periférica, comprometida con el entorno presente y futuro y con cada individuo. Conoce de programas y planes educativos más que de cualquier otro tema en el universo. “Antes la normativa decía que se necesitaban 10 estudiantes para abrir una escuela, ahora no. Si los edificios están destruidos, hay que arreglarlos para que vaya un alumno si es que ese alumno tiene esa necesidad. Hay un derecho de los alumnos a concurrir a una escuela que esté cerca de su casa”. Con su equipo piensan en la proyección demográfica, en el crecimiento de la población de Monte. Tienen la idea de concentrar en un solo edificio todos los niveles de educación: jardín maternal, jardín de infantes, escuelas primaria y secundaria; un polo educativo en cada barrio. “Quiero devolverle a la escuela pública todo lo que me dio. Queremos que cada barrio de Monte tenga un polo educativo. No importa cuántos alumnos hay. Donde hay un alumno hay una necesidad y donde hay una necesidad hay un derecho”, dice Marcelo, parafraseando a una referente histórica que ama: Eva Duarte de Perón.
La escuela de la vida
Pavón conoce todas las escuelas de Monte. No es jactancia sino un dato de la realidad. No habla solo de las estructuras, de un ladrillo sobre otro, sino de los humanos que le dan vida: de los maestros y profesores, de las alumnas y alumnos, del personal de maestranza, de la cooperadora, de las madres y padres; de la famosa comunidad educativa en su conjunto. “Puedo devolverle al otro lo que aprendí y quiero aplicar en el Consejo Escolar todas las experiencias de estos años y de los contactos que fui teniendo durante estos 40 años de trabajo en la educación”, se ilusiona.
“En la escuela no se contiene, se enseña y se aprende. Desde que nacemos estamos aprendiendo, en enseñanza formal y en un juego también. Esto surgió para enseñar desde distintos lugares. Es un concepto equivocado decir que son escuelas de contención. Cada vez los padres se ven obligados a trabajar más. Y qué mejor lugar para un chico que la escuela”, se pregunta.
Marcelo tiene cada escuela en su prodigiosa memoria. Cada alumna y cada alumno. Es capaz de encontrarse con un alumno que tuvo hace 25 años y decirle cómo iba vestido. Pensó en jubilarse a los 50 años. Pero siempre tiene un desafío por delante. El que lo ocupa ahora lo resume en una frase. “Lo mío fue siempre un compromiso con darle a los alumnos lo que la vida no les permitió tener”. A muchos los llevó a conocer el mar. Fueron viajes educativos, salidas culturales, viajes de egresados, excursiones. “Hacíamos todo lo que se podía desde la escuela. Pensamos en todos y en defender derechos”.
Su vida entera transcurrió en la escuela pública: desde la sala de Jardín de Infantes 901 que funcionaba en la Escuela 1, pasando por la escuela primaria y la secundaria. “Amo la educación pública”, resume. Además de alumno fue –es- maestro, profesor, vicedirector, secretario, director y es actualmente Secretario de Asuntos Docentes, pero ante todo, Marcelo Pavón es un maestro de vida.

“Monte no tiene nada para dar respuesta a la discapacidad de los niños. Pasan de la Escuela 501 a la Escuela 701 a seguir teniendo una primaria, pero no hay una salida laboral.”
Llegó a tener esta responsabilidad tras concursar el cargo. Nadie más que él mismo lo ha puesto en ese lugar en el cual otro quisiera jubilarse. Pavón tiene una carta más por jugar: quiere gestionar desde el consejo escolar. Porque no le teme al trabajo: es capaz de atender a cualquier hora un llamado laboral y dar una solución inmediata, algo de lo que deberían aprender la mayoría de los consejeros escolares actuales del radicalismo, con la excepción de Daniel Perna, el único de los cuatro capaz de responder a la prensa. “Los roles son para enseñar, aunque uno esté en un cargo administrativo”, deja sentado Pavón.
Confieso que he enseñado
Trabajó en una escuela de una barriada de El Jagüel, en 9 de Abril y en Luis Guillón, vivió en Temperley, dio clases frente al Cruce de Lomas, cuando recién se estaba construyendo el edificio de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. De sus años de vicedirector de la Escuela 16 de Monte recuerda a Mirta Pentecoste, a María Villani y a Mabel Cufré, integrantes de la asociación cooperadora. A ellas les avisaba qué alumno no podía comprar un libro o qué alumna no tenía dinero para pagar el micro de una excursión. Así es Pavón: detecta la problemática y enseguida aplica la solucionática.
En sus comienzos, Víctor Navarro lo vio joven y tierno, le dijo “no sonrías jamás y no te sientes nunca” porque era escasa la diferencia de edad ente él y sus alumnos y sentarse podía equivaler a que lo creyeran un par. Recuerda, entre tantas que no olvida, una de las aulas que transitó: 55 alumnos en un séptimo grado “F” de la Escuela 37 de Esteban Echeverría. Allí se forjó su vena docente. Enseñó también en la Escuela 30 de 9 de Abril, en la nocturna 713 en ese mismo edificio, en la 702 del Cruce de Lomas y no olvida el año 1985, cuando por entonces aparecían pintadas de este tono: “Haga Patria, mate un docente”. Eran los albores de la Democracia pero todavía los años de la oscuridad de la Dictadura estaban frescos. Por eso Marcelo agradece cada derecho conquistado. “Hubo muchas luchas para conseguir esos derechos. Algunos que no vivieron esa época los dan por sentado, pero no es así”, aclara. Cuando volvió, recaló en la escuela de Abbott. De esos años nombra a Ana Corbalán, Juan Broggi, Vicky y Juan José José Raciopi, entre tantos docentes, alumnos y administrativos que recuerda.
¿Qué hace el Consejo Escolar?
El Consejo Escolar administra recursos provinciales para las escuelas. Recibe fondos de distintos organismos, por ejemplo un fondo compensador para gastos diarios y maneja también fondos asignados para una determinada reparación, además del Fondo de Financiamiento Educativo –enviado por Nación a los Municipios directamente- que obliga a los municipios a usar el 40 por ciento en infraestructura escolar. Ese dinero no pasa por el Consejo Escolar, sino que debe ejecutarlo el Municipio. Hace unos días un Jardín Maternal de Monte estaba haciendo una rifa para reparar un techo.
“Hoy vemos que falta gestión y falta decisión política. Alumnos del Fines que viven en Videla Dorna se presentaron en el Concejo Deliberante para pedir que les instalen una garita para esperar el remis para venir a estudiar a Monte, ¡una garita piden!”, dice Colman al borde de la indignación. “La educación atraviesa todo. Nosotros tenemos que acompañar los sueños de nuestros alumnos, sobre todo quienes estamos en la educación para adultos”, dice la candidata a consejera escolar y coordinadora distrital del FinEs, un programa de finalización de estudios primarios y secundarios en marcha desde 2008.
Cuatro cabezas
Cuatro patas tiene una mesa, cuatro una silla, cuatro vértices tiene un aula, cuatro son las puntas que tiene la hoja de un cuaderno. “Yo digo que aunque entre uno solo de nosotros, vamos a ser cuatro”, sentencia Pavón para hablar de quienes lo acompañan en la lista: Andrea Colman, Lorena Valentino y Víctor Ramos. “Marcelo es generoso y te hace crecer. Aprendo de él y sé que tiene mucho para dar, es mi amigo y lo conozco profundamente. La educación lo hace vivir a Marcelo”, dice Andrea. “Los mejores años de mi carrera fueron con Marcelo de director. Es muy exigente, pero permite enseñar con libertad. Lo que nos apasiona es sacar lo mejor de los estudiantes”, aporta Lorena Valentino, profesora de inglés y pianista aficionada. Víctor es docente de matemáticas y fue dos veces consejero escolar. “Somos de la cultura del trabajo y miedo no te da el trabajo. Además, lo que no se sabe se aprende”, dice Víctor.

“Este es mi momento”
Marcelo dio clases a jóvenes y a adultos en distintos momentos de la vida democrática argentina. Dice que el gobernador podría no haberlo hecho, pero apostó por la educación en vez de salir a vocear a los cuatro vientos que no había plata. Por eso valora la gestión de Axel Kicillof respecto de la Educación. “La educación brinda herramientas para que uno pueda defenderse en una sociedad que termina siendo cruel hasta con la palabra.”
La tarde va madurando y las más de dos horas de charla con Marcelo Pavón y su equipo se han pasado como un suspiro. Marcelo devuelve el último mate de una tarde que se va yendo, entorna los ojos, hace una pausa, fija la mirada como quien va a decir algo que le sale de adentro: “Siento que este es mi momento”, dice este docente que no tiene miedos ni fantasmas. Es de los profesores que añora-desea- que sus alumnos lo superen. Porque además de enseñante, de educador, de docente, Marcelo es un hombre bueno, si hay alguien bueno en este lugar.
