
“Voy a intentar”. Esa frase se dijo para sí Micaela Gómez cuando se enteró por una amiga de un taller de vitrofusión. Llegó ahí sin saber que era exactamente eso lo que necesitaba: un arroyito de agua fresca en medio del verano, un tiempo para sí misma; un abrigo. “Es una terapia para gente que realmente necesita su propio tiempo, su necesidad de estar en paz y en tranquilidad, con la mejor onda, la mejor preposición de decir ¡Uh, bueno, hoy me voy a enfocar en dibujar! Y la verdad que es una terapia hermosa”, le dice a Monte Vivo esta artesana que el domingo 9 de noviembre llegará a la Plaza España-Iribarne de San Miguel del Monte para una nueva edición de Monte Emprende.
Por amor al arte
A su camino de vida Micaela lo llama “mi pequeña historia de tantos años de sacrificio”. Es madre de un niño hipoacúsico y ha ido con él adonde sea que haya que acompañarlo. Es fácil darse cuenta entonces de que por su amor de madre, Micaela es capaz de dibujar un arco iris en el poniente, aunque deba fabricarse una escalera al cielo. Aprendió el lenguaje de señas y ese mismo amor le imprimió a los llaveros que hace, con el lenguaje de señas. “Me tomó mucho trabajo hacerlos, pero los hice”, dice. Los presentó en la escuela de su hijo. “Quería que vean que no solamente es un dibujo, no solamente es el arte que hago sino que también la idea de esto era poder abrir a la gente que tenga un nene con discapacidad y que vean que con una simple señal de manos se puede transmitir un mensaje”, dice esta artesana que fue descubriéndose a sí misma para poder enlazar el arte con su necesidad de dejar un mensaje a través del vidrio.
Pero ¿cómo hacer para que el vidrio pueda contar una historia? Ese es el secreto de Micaela. “Uno en realidad lo hace por amor al arte. Es un emprendimiento que quise hacer para abrir al pueblo otra cosa, algo diferente en una feria diferente, porque Monte Emprende es una feria diferente. Siempre se ven cosas muy lindas en la feria, y la verdad que los trabajos que hacen el resto de los feriantes son muy lindos también.”
“Mucho sacrificio he hecho en toda mi vida. He viajado acompañando a mi hijo y casi no estaba en Monte. Ahora estoy acá y quise hacer algo por mí, otra cosa que no sea solo estar en casa y la verdad que es una terapia hermosa”.
El proceso se describe de forma sencilla pero no lo es: Micaela elige la figura y el diseño y los pasa al vidrio. En ese ejercicio hace algo más: se lo transmite. Lo pinta con un producto en polvo mezclado con agua. A veces, como en la vida, el color que cree trasmitir no es el exacto. “Uno mismo le va dando la forma y el color. En el taller cada una tiene su diseño y su forma de ser.” Esa forma de ser es, también, una forma de hacer. Una vez que está pintado se va al horno. “Se va levantando la temperatura del horno y eso es lo que termina de darle el diseño del dibujo.”

El camino de Micaela Gómez como artesana empezó por una amiga me le comentó que hacía vitrofusión, la invitó al taller y “la verdad es que me hizo re bien”, dice Micaela. “Conocí gente hermosa, una alegría terrible y muy buena la profe. Ya hace 3 años. Voy al taller de Limar, por ahí lo conocen, pero la verdad que hay una tranquilidad, hay una paz terrible y uno la pasa bien dibujando y haciendo su trabajo.“
-¿Se trabaja del mismo modo siempre o dibujar tiene que ver con el estado de ánimo?
-La verdad que el estado de ánimo, así vos vayas bien o vayas mal, el estado de ánimo lo pone cada uno. En ese taller se escucha a la persona, a veces nos aconsejamos entre nosotras y nos reímos. Todavía nadie lloró, pero siempre que uno va con un problema, siempre se puede conversar, se puede hablar y el ánimo en ese taller es muy bueno y siempre terminás con una sonrisa, riéndote de lo que dicen los demás, dando a veces opinión y decir. Es importante siempre darle una esperanza al que no hizo tan bien el trabajo. Yo voy siempre con el mejor entusiasmo para poder hacer los trabajos. Cuando estoy calladita es porque hice tres, cuatro, cinco dibujos en una hora. La pasamos muy lindo.
