
A casi 40 años de que el rancho de Juan Manuel de Rosas construido originalmente en la estancia Los Cerrillos fuera emplazado en San Miguel del Monte empieza a verse en su estructura un notable deterioro que preocupa a vecinos y visitantes. En una recorrida que hizo este medio pudo ver que presenta serios problemas en varios espacios, con un grave deterioro en uno de los laterales del techo, pero también en su estructura general, lo cual pone en evidencia la falta de mantenimiento. El lugar fue declarado reliquia histórica y es la joya de Monte, el lugar más visitado por los turistas junto con el Museo Guardia del Monte y la única de las viviendas de Rosas que sigue en pie.
“Ver el deterioro del Rancho de Rosas en Monte me genera preocupación, aún en éstas épocas difíciles por la actual falta de recursos en general. Por eso siempre estamos a disposición y tenemos a Monte en muy alta estima por su compromiso con el Restaurador, más allá de lo que sucede hoy en el Rancho de Rosas”, dijo Pablo Vázquez, secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.
Vázquez respondió las consultas de Monte Vivo respecto del deterioro. “Al ser municipal la prioridad de obra pública y restauración la tiene el gobierno local, luego el provincial y por último el nacional, aunque éste último no estaría realizando – por ahora – dichas actividades, salvo que le gire un Aporte del Tesoro Nacional (ATN) -aunque son más bien para las provincias”, aclara. Vázquez recuerda que en tiempos de Carlos Menem (1989-1999) “se giraban a algunas localidades afines, o si se opera alguna cuestión de mecenazgo o iniciativa privada para su restauración y puesta en valor.” Una ordenanza confirma los dichos de Vázquez: el intendente primero y la directora de Cultura después son los responsables del mantenimiento del rancho, aunque oficialmente no se conocen detalles de ningún plan de puesta en valor.

“Deberían primero hacer un diagnóstico del estado del edificio. Luego, si hay una Asociación de Amigos u otra entidad privada, podrían ayudar en la restauración. Eso sería lo ideal. Respecto del personal técnico, es necesario “un arquitecto o ingeniero, si es de lugares históricos mejor”, propone Vázquez, del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. En Monte existe un órgano fundamental a la hora de pensar en la protección del patrimonio: la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico, Cultural y Natural Montense. Esa entidad no realizó ningún anuncio respecto de un plan de puesta en valor a realizar en el rancho.
El rancho de 5 por 24 metros- fue protagonista de una hazaña de la ingeniería en 1987. Lo montaron en un carretón de 120 ruedas hidráulicas, y recorrió 60 kilómetros desde Los Cerrillos hasta su ubicación actual, en Belgrano y Soler, frente a la Plaza España-Iribarne.
Las paredes del rancho son de adobe y fueron pintadas originalmente con leche y sangre de vaca para obtener el color rosa que tanto le agradaba al brigadier general. Así resistieron los embates del tiempo: el rancho es el único en su tipo que se mantiene en pie. Tiene 5 habitaciones en chorizo, cada una con su entrada independiente, sin cocina y sin baño, como mandaba la época. Las dos primeras conservan los techos trenzados por indios pampas con pasto, tacuara y troncos de palmera. Hay que agacharse un poco para entrar: las puertas externas eran bajas para impedir que los indios entraran con caballo cuando atacaban. Las bases de las ventanas están a la altura de las pantorrillas y los aleros permiten ver desde adentro hacia fuera, pero no a la inversa.
Cortés: “Hay un deterioro general del patrimonio histórico”
El profesor Alejandro Cortés ejerció como Director de Cultura, Educación y Patrimonio de Monte durante el gobierno de Sandra Mayol (2015-2019). Cortés ofrece una mirada aguda no solo respecto del Rancho de Rosas sino del patrimonio histórico en general. “El patrimonio de Monte está en estado de abandono”, dice. “El deterioro del patrimonio histórico, en particular del Rancho de Rosas, es preocupante. Un ejemplo es la infografía sobre Rosas que, tras seis años en su lugar, está caída y sujeta solo con hilos. Esto refleja una mala gestión del patrimonio, que parece estar subordinado a una política de entretenimiento escenográfico. Elementos patrimoniales en el rancho y el museo no reciben la atención adecuada y se utilizan de manera superficial, en lugar de ser valorados por su significado cultural e histórico. La transformación del patio del museo en una pista de baile ilustra esta problemática”, dice el profesor Cortés: “Es esencial ir más allá de la administración básica y centrarse en la gestión patrimonial. La cultura en Monte está fragmentada y tercerizada, carece de una política pública coherente que valore y promueva el patrimonio a largo plazo.”
Para Cortés existe un “deterioro en torno al área histórica de Monte, la Plaza España, el Rancho de Rosas y el Museo Guardia del Monte”, que este año cumplirá un cuarto de siglo. “Lo veo todos los días el deterioro, porque yo paso normalmente y con eso alcanza para ver el grado de abandono en el que se encuentra lo que tradicionalmente los montenses llamamos nuestro punto cero, nuestro casco histórico, donde todo comenzó.”

“Los objetos de nuestro patrimonio son parte de un relato que cuenta cómo somos de dónde venimos y cómo nos costó o cuánto nos costó llegar hasta acá. Todos esos elementos que están distribuidos entre el rancho y el museo que son nuestros dos ejes centrales en términos patrimoniales, están puestos a disposición de una cultura del show, nadie los está mirando, porque la actual es una mirada totalmente distinta, desde la mirada de la puesta en valor en términos patrimoniales y basta con entrar al rancho y basta con entrar al museo y basta con entrar al patio del museo como se lo ha prácticamente desarticulado desarmado para convertirlo en una pista de baile. Si eso está bien o mal no es la discusión para mí en este momento. Lo que sí hay que ver es la manera en la que se trata el patrimonio cultural en Monte en este momento y mucho de esto se alimenta también en las opiniones y comentarios que me hacen llegar de mucha gente que va y lo encuentra cerrado, que tiene horarios que no se condicen con un pueblo turístico (de 8 a 12 y de 18 a 22).”
El ex funcionario hace mención a un punto crucial: el personal. “Otra cosa importante es la desarticulación de un equipo de trabajo que por años cuidó todo eso para pasar a un esquema de horario y funcionamiento administrativo como si el museo y el rancho fueran oficinas y quienes ingresan como personal a esos espacios fueran oficinistas. Se necesitan de altas dosis de pasión por lo nuestro para realmente dimensionar el valor de esos espacios centrales de nuestra cultura.”
De la administración a la gestión
La propuesta de Cortés para salir de esta espiral de deterioro patrimonial de lo histórico está en la falta de una gestión patrimonial, de un plan. “Es necesario salir de lo que podríamos llamar la habitación de la administración, o sea, administrar papeles, administrar recursos, administrar notas. Administrar el horario con el cual el personal que va al museo y al rancho atiende, eso es una cosa. Lo otro que me parece que es lo más importante y lo más profundo y sobre lo que hay que trabajar, es la gestión. Es evidente que no hay una gestión patrimonial, no hay una mirada de lo patrimonial como algo importante, como algo de valor, como algo de peso en el desarrollo de las políticas públicas de un lugar, en este caso, de Monte. Y, a veces, creo que eso también es porque predomina, en mi humilde opinión, un concepto cultural que está más asociado al entretenimiento, al show, a lo mediático, al mostrar cosas lindas, rimbombantes, donde todo es brillo, donde todo es música y alegría. Y las cuestiones patrimoniales, las políticas patrimoniales, las discusiones y los debates en torno a los elementos de valor patrimonial que tenemos como sociedad los montenses requieren de gestores, no de administradores, y requieren de discusión, de mesas de debate y requieren de investigación, de aportes, de miradas diversas. Eso no es incompatible con el show, pero no es, digamos, lo que se está mirando en este momento.”
Lo que describe Cortés encuentra una explicación. “Esto la consecuencia de una decisión política que tiene que ver con desarmar y desandar todo un trabajo que se ha recorrido durante muchos años en el área de Cultura. Se la ha fragmentado en miles de pequeñas partecitas y se la ha tercerizado, porque gran parte de la actividad cultural, en el sentido amplio, está tercerizada, no se genera en la mesa de trabajo de la dirección de Cultura, está pensada en emprendimientos privados, en grupos privados que lo que hacen es hacer uso del espacio público cultural para transmitir una determinada actividad en sus más diversos formatos. Pero no son actividades que sean parte de una agenda, de una política, de un diseño cultural que, incluso, vaya más allá del momento por el que estamos transitando. Porque, en general, una política no solo responde a las necesidades del momento, sino que también se proyecta y se anticipa a las a las necesidades futuras de una comunidad.”

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