
Otra vez la sociedad de Monte quedó envuelta en una profunda tristeza luego de que una joven madre de cuatro hijos decidiera quitarse la vida este martes por la tarde en su casa del barrio Sánchez Espuelas. Tenía 30 años, sufría problemas de salud mental y de adicción, según pudo reconstruir este medio a través de testimonios de los vecinos.
La joven llamada Antonela vivía en una casa extremadamente precaria de la calle Río Salado al 100, a metros de Colorados del Monte, con sus cuatro hijos, uno de ellos de apenas ocho meses. Fue uno de sus hijos de seis años quien descubrió la escena del suicidio y acudió a la casa de una vecina y dijo: “Mamá se murió, ¿con quién vamos a vivir ahora?”.
La familia estaba integrada por la joven de 30 años, una niña de 12, un niño de 6, una nena de 4 años y un bebé de 8 meses. “Hace dos semanas su hija mayor se había ido a vivir a la casa de un tío. Se había cansado de tener que atender a sus hermanos. Esta semana sus hijos menores no fueron a la escuela”, contó una vecina.
La conmoción caló hondo entre los vecinos que resumieron el sentir colectivo con una frase que todavía resuena en los oídos de este cronista: “Todos somos responsables por esta muerte, porque todos podíamos hacer algo más para que esto no pase”, dijo entre lágrimas una vecina que accedió al domicilio y vio la escena. Ella, como otros vecinos del barrio y de otros barrios, se ocuparon de hacerle llegar distintas donaciones de muebles, de alimentos, entre tantas otras cosas.
La malograda joven no dejó ninguna nota ni carta ni avisó a nadie antes de tomar la fatal decisión.
El desenlace de la joven estuvo antecedido de abandonos varios, de negaciones por parte de su propia familia y de una notable incapacidad del estado para contener una situación tan compleja. La joven había empezado a bordear los límites de la realidad desde hace mucho tiempo. “Decía que recibía mensajes para quemar ropa o para hacer tal o cual cosa”, contó una persona que llegó anoche hasta el domicilio. Por testimonios que pudo recabar este medio, antes de caer en las adicciones la joven siempre cuidó de los niños. “Ella amaba a sus hijos”, dijo una vecina.
Un vecino había llamado hace más de un año y medio y en varias oportunidades al Servicio Local y al CPA de Provincia. Con el final ya escrito, profesionales del Servicio Local llegaron al lugar cerca de las 20 de este martes para brindar contención a los hijos de la joven fallecida, mientras se comunicaban con la familia paterna, para que reciban en su casa a los niños. El padre de la joven fallecida llegó cerca de las 22 a la casa cuando todavía los bomberos no habían retirado el cuerpo.
Docentes del jardín de dos de sus niños visitaban la casa y conocían la situación. El Municipio también conocía el caso de la joven. El propio Subsecretario de Desarrollo Social, Joaquín Muele Soler, había estado durante el invierno en la casa de la joven entregándole una salamandra, que no fue instalada por falta de recursos. “Debe estar ahí todavía la salamandra”, dijo una vecina, golpeada por el suceso. Y contó que esa cartera municipal le negó arreglos de electricidad debido al costo del presupuesto.
En la puerta de su casa se reunieron ayer los vecinos que no salían de su asombro. Uno de ellos relató que el padre de uno de sus hijos había intentado incendiarle la casa hace poco más de un año y eso determinó que la justicia dictara una restricción de acercamiento. “Ella vivía en un estado total de desamparo”, dijo una vecina que colaboraba siempre con la familia.
Ante un estado ausente, vecinos, padres y madres de compañeros de escuela de sus hijos e integrantes de la iglesia San Cayetano, se acercaban de forma regular para colaborar con la familia: repararon vidrios rotos de las ventanas de la casa, donaron ropa y calzados a los niños, un cochecito de bebé, viandas de comida y mercadería.
Otra vecina contó a este medio que vio a la joven horas antes del desenlace: parecía abstraída, sin prestar atención al entorno, caminando hacia la esquina de su casa y con la mirada perdida. Cerca de las 18 se conoció la decisión de Antonela que deja abierta la pregunta de si podía haberse hecho algo más desde lo institucional para evitar este triste y solitario final.
