
Luciano Cruz Llosa, el montense que representó al país en tres mundiales y se consagró campeón argentino de surf adaptado en su categoría en 2019, murió a sus 49 años el pasado domingo. Y su partida generó un inmenso dolor entre quienes trataron al hombre que sabía lo que era la adversidad. Activista de la autonomía, tras un accidente a los 13 años que le lesionó la médula espinal, decidió que su mundo no se iba a terminar en las dos ruedas de su silla.
“Falleció mi amigo. Estoy devastado. ¡Qué injusto todo hermano! Lucho era ejemplo y todo lo que está bien en esta vida”, relató uno de sus amigos cercanos que veía en él a un faro de resiliencia. El Instituto Agropecuario de Monte, en donde cursó sus estudios secundarios, lamentó la muerte Llosa, a quien una enfermedad le apagó la vida en apenas ocho semanas.

Estaba en silla de ruedas desde su adolescencia por un accidente. Vivía en San Miguel del Monte cuando con un amigo manipulaban un revólver Smith & Wesson 357 y a su amigo se le escapó un tiro. El proyectil “de punta hueca” lo atravesó a Luciano: ingresó por su pecho, debajo de la tetilla derecha, y encontró salida por el omóplato izquierdo. Una esquirla pasó “a nada” de la aorta, perforó un pulmón y le lesionó la médula espinal.
El año pasado Luciano se hizo viral a bordo de su handbike para hacer visible el reclamo de rampas de accesibilidad. “Quiero que hagan en todos lados”, insistía, cansado de tener que “hacer willy” para poder cruzar una calle con su hija.
Estuvo internado en grave estado primero en el hospital Zenón Videla Dorna, luego fue derivado al centro de rehabilitación de la Asociación para la Lucha Contra la Parálisis Infantil (ALPI), al Hospital Garrahan por una complicación y de nuevo a ALPI hasta que pudo reincorporarse a la secundaria, ya en segundo año y con los mismos compañeros con los que había comenzado el año anterior.

Estudió en La Plata, comenzó a nadar y en el mar, donde se radicó con su esposa, encontró la autonomía que la ciudad de Mar del Plata le negaba. A pesar de su lucha frontal con la burocracia municipal por los fondos no ejecutados en accesibilidad, Luciano nunca perdió el optimismo ni las ganas de jugársela.“Mucho más peligroso es quedarse mirando el techo”, decía con esa energía que lo llevó a planificar maratones hasta el último momento.

Deja un comentario